miércoles, 9 de abril de 2014

Libros sin dueño y sin precio


Esta imagen pertenece a uno de los mayores almacenes de libros usados del Reino Unido, Bookbarn, que ha sido abandonado tras expirar el contrato de arrendamiento. Como fórmula para vaciar el local lo antes posible, los antiguos jefes han dado vía libre al público para que entre, rebusque y se lleve de forma totalmente gratuita los libros que desee. Ubicado en Bristol, Bookbarn era hasta la fecha uno de los proveedores más importantes de libros de segunda mano de Amazon y, tras cinco años de uso del almacén, deja en su superficie millones de libros sin dueño.

Ashley Nicholson, director de la propiedad, explica con perplejidad la idea original:

Le pedimos a Bookbarn que limpiara el local y se deshizo de algunos libros, pero todavía queda una enorme cantidad de ellos. Creímos que sería una buena idea ofrecer a la gente la oportunidad de venir y elegir uno o dos libros y, así, ayudarnos a limpiar el almacén. [...] La respuesta fue increíble desde que lo abrimos al público. Es como una plaga de langostas.

Lo cierto es que los “cazadores de libros” han venido de todas partes, unos con la esperanza de encontrar algún tesoro literario, otros simplemente con la idea de abastecerse de lectura para una buena temporada.

Me encantan los libros viejos. Esto es un lío, un verdadero caos, pero es emocionante rebuscar entre todo esto. Cuando descubres algo que quieres es como si encontraras un tesoro, afirma un estudiante que ha logrado hacerse con veinte volúmenes de la enciclopedia Compton y un tomo ilustrado de poesía de William Blake.

Se ha visto a gente entrar en el almacén con coches y caravanas para proveerse mejor. Otros acoplaron pequeños trailers a sus coches para transportar mayor cantidad de libros, y hubo hasta quien utilizó cochecitos de bebé.
Bookbarn es ahora más que un gigantesco rastro para los lectores, puesto que ni siquiera han de pagar con calderilla por lo que rescaten. Pilas y pilas de libros usados en donde los artículos son tan deseados como pisoteados (es la parte trágica), pero esto último poco importa a quienes tienen la oportunidad de abastecer sus bibliotecas sin dar un céntimo. Hazel Gurneet, una mujer de 61 años que ha acudido varias veces al almacén lo describe así:

Cuando entras es un sitio increíble. Muchas de las estanterías han sido volcadas y los libros están por todas partes. No te sientes bien al caminar sobre todos estos maravillosos libros para encontrar lo que buscas. Pero teniendo en cuenta el precio de los libros hoy en día, ¿quién rechazaría esta oportunidad?

Noticia publicada el 5 de marzo de 2009 en Papel en Blanco.

lunes, 3 de marzo de 2014

La revolución de las malenis

Cosen, calcetan, cocinan, decoran... y siempre con un regusto «vintage». La última tendencia en Galicia debe su nombre al de la «magdalena», una de sus especialidades.

Hágase tres sencillas preguntas. ¿Pasa su tiempo libre horneando pasteles cuya dificultad técnica es digna de una obra arquitectónica? ¿Lo 'vintage' y los colores pastel han invadido cada rincón de su existencia? ¿Tiene ya más prendas confeccionadas por usted misma que las que se adquieren en las tiendas? Si responde afirmativamente, quizá sea usted una maleni. La revolución ha sido silenciosa. Comenzó poniéndoles sombrerito a las magdalenas, que pasaron a llamarse cupcakes. A los bollos hipertrofiados los bautizaron como muffins. Después, ellas mismas adoptaron el nombre del que salió todo. Maleni viene de magdalena, y las malenis son ya una cohorte, una tribu urbana que inspirada por Amèlie ha consagrado su vida a hacer del mundo un lugar mejor. Más dulce, más bonito, más pastel.
El estereotipo está claro: mujer adicta a la repostería -no tanto a comérsela como a hornearla, aunque ambos conceptos no son excluyentes- vestida con prendas vintage en una casa con muebles de inspiración vintage, que lee libros y revistas vintage y que lleva gafas de pasta y zapatitos de tacón bajo y punta redonda, que si pueden ser vintage, pues mucho mejor. Y sin embargo, la explosión de la revolución maleni ha ampliado el abanico de convertidos. Hay mujeres, pero también hombres. Los hay adictos al pasado y otros que no tanto. Algunos tienen un estilo muy concreto y otros son más eclécticos. Y sin embargo, coinciden en una cosa: el gusto por cuidar hasta el último detalle, por lo hecho por uno mismo y por todo aquello que es único, especial y diseñado para una persona en concreto.
En esos pilares se sustenta desde hace un año Gloria Bendita Cakes (plaza Manuel Murguía, 5. Milladoiro), un obrador de repostería creativa cuyas propietarias -las mellizas Gloria y Carla y su amiga María- han estado media vida consagradas al placer de un buen postre. Gloria, con apenas 8 años, pedía a los Reyes utensilios de cocina y recortaba los cupones que ofrecían los productos culinarios para que le enviasen libros de recetas. Conoció a María en Vigo, y años después se reencontraron en Compostela. Había llegado el momento de hacer del placer profesión y se lanzaron a crear Gloria Bendita. A Carla le metió el gusanillo su hermana, y del gabinete de logopedia pasó directamente al fondant y los sprinkles.
Es tal su veneración por lo dulce que -lo primero que miramos en una carta son los postres-. Y son capaces de no regresar a un restaurante con buena comida si la sobremesa las decepciona. No es difícil el nivel de exigencia que imponen a sus postres. Hacen de todo: tartas por encargo, pasteles de boda, cupcakes, galletas, cakepops, mesas dulces... Hasta 16 horas diarias pueden pasarse entre fogones a la procura del pastel más especial para una persona, que puede suponer unos tres días de trabajo. También venden el material para que el imperio de la cocina entre en las casas.

Los detalles
¿Son malenis? «No teníamos ni idea, somos unas ignorantes», pero quizá algo, el germen del malenismo, está en su interior. Cuidan hasta el último detalle, tanto en el trabajo como en momentos de la vida diaria. «Es cierto, si viene alguien a cenar a casa me gusta preparar bien la mesa». El mantel, la vajilla, las copas que se van a poner, que todo esté armónico y equilibrado. «Si viene alguien el sábado el lunes ya tengo el menú», apunta María, que siempre ha preferido hacer un pastel a un arroz. Su tienda es un ejemplo de decoración. Impera sobre todo la luz y querían apartarse un poco de lo que suelen ser las tiendas de repostería: solo unos puntos de rosa y azul sobre un blanco impoluto. Igual que su estilo: «sencillo y limpito» con puntos de color. Huyen de lo recargado, aunque sí les gusta lo vintage.
«A mí me gusta que la gente se lo curre un poco o que yo, que no sé calcetar se lo compre a alguien que lo hace, que lo valoras más», dice Gloria. También fomenta la creatividad y la relación social. ¿Y ese punto ñoño? «No tiene por qué estar mal», coinciden tanto Gloria como María. Cada uno tiene su estilo.
¿Machismo? Cero. «Lo decides tú, nadie te lo está imponiendo». Otra cosa sería que tuviesen que hacerlo obligadas. «Es igual que si te gusta leer, es lo mismo, pero nadie diría nada?. En los cursos que organizan para aprender repostería creativa también hay chicos, y otros que compran material para hacer sus pinitos en la cocina de casa.
De la misma opinión es Irene Villaverde, de profesión publicista pero de vocación tejedora. «Me parece completamente absurdo, porque mi novio es hombre y también le gusta hacer magdalenas y bizcochos. Si te gusta, te gusta, y si no, no». Es cierto que el momento «malénico total» de poner unos corazones a los cupcakes «quizá a eso seamos más dadas las mujeres», pero el género poco tiene que ver. O sí, pero para otro absurdo. Que los hombres dejen de hacer cosas como estas por el miedo al qué dirán. «No van a decir nada, si está bueno se lo van a comer todo. Creo que no hay que darle demasiadas vueltas a las cosas».
El gusanillo de los ovillos de lana se lo metió su abuela, mitad noruega y mitad vasca. En las vacaciones que pasaba allá comenzaba una bufanda para cada uno. De la bufanda pasó al gorro y del gorro a ser una vía de escape de estrés al salir del trabajo. Empezó a darle a las agujas para hacerles prendas a su familia. «De mi familia pasé a la familia postiza, y después a los amigos y luego los amigos de los amigos». Un gorro puede llevarle tres horas o tres horas y media. Procura sentarse una hora después de cenar a calcetar, con el televisor de fondo, así que en una semana puede tener la prenda lista. Claro, «depende del punto y demás». Otras veces prefiere aprender cosas nuevas y se pone delante de un tutorial de YouTube para repetir, repetir y repetir. Desde pequeña ha demostrado una creatividad desbordante, que todavía sigue aplicando hoy. Le gusta que le regalen cosas distintas, y a ella también le gusta hacer cosas especiales para regalar. «Supongo que a la gente que no es tan detallista le llama la atención». El detalle marca la diferencia.
¿Es maleni? Pues sí. «Me siento identificada porque soy muy detallista, sigo muchos blogs de cocina y de las magdalenitas con las cositas y todas esas tonterías que me encantan. Guardo tarjetas con elefantes y todo lo raro, peculiar, me gusta». Tampoco es que sea radical, ni ella ni la revolución maleni. «No creo que sea un extremo de ñoñez ni sea un toxo», sino que hay un término medio, pero el malenismo sí que puede ser dado «a que lo tengas todo, en exceso»

Mr. Wool, el friolero
A Irene la acompaña Mr. Wool. Así se llama su blog (holamrwool.blogspot.com.es) y así llama a su novio, que es quien hace los pompones de los gorros mientras ella calceta. Él es cocinitas de la pareja y gracias a uno de los blogs que sigue Irene ha descubierto el mundo de la masa madre. Ahora su casa siempre huele a masa madre y ya no compran pan. «Es como de pueblo, hacemos panes gigantes que nos duran una semana». Irene se confiesa: «Creo que a mi novio lo estoy contagiando un poco» y ha comenzado a malenizarse. A ella, la golosa de los dos, el gusto por el dulce le viene de casta. Su madre siempre está horneando: magdalenas, bizcochos, galletas, pasteles... lo que sea.
Con Irene estudió la carrera Laura Cunha, otra joven de desbordante creatividad, que la ha canalizado hacia su mercería, Miquinho, un espacio para la imaginación ubicado en el número 26 de la calle Manuel Belando, en Ferrol. Nació más como un espacio creativo que como una tienda al uso, pero al ser una de las pocas mercerías que todavía permanecen en activo en la ciudad, la balanza se ha inclinado un poco.
Pero sigue manteniendo su espíritu de espacio para dar rienda suelta a las ideas. Todo comenzó cuando su madre se apuntó a una clase de canastilla. Ella decidió que podía aprender a hacerse su propia ropa y desde hace relativamente poco también hace calceta. Se lanzó a la aventura, y además de la tienda física y el espacio para las clases, también vende a través de Internet. Se puede encontrar de todo para llevar a cabo proyectos de costura.

Cursos creativos
Así que en Miquinho se dan clases y son muchas las madres jóvenes que se apuntan para poder vestirse ellas y a sus peques de manera original. Muchas llegan sin tener idea alguna de cómo enhebrar una aguja. El encanto de Miquinho también está en su decoración. Laura hizo un erasmus en Suecia y define su negocio como «retronórdico». La propia palabra lo indica: la decoración con aires del norte impera, pero también los elementos antiguos, como máquinas de coser. Los muebles son de diferentes tipos y la tienda invita a sentarse, sacar las agujas y dar unas vueltas de calceta durante un rato.
Laura es, quizá, la que menos identificada se siente con el estereotipo maleni. «Eu son algo punk», remacha entre risas. «Odio os cupcakes e a pastelería de cores», y tiende más «ao rollo ecolóxico». Y es que «non me considero unha persoa moi naíf», un rasgo que se suele atribuir a las malenis. De hecho, cree que la ñoñez puede llegar a empalagar, y mucho, si no se aplica con mesura. Eso sí, con el asunto malenístico lo que sí tiene claro es que hay que conseguir que «a xente perda os prexuízos. Por coser non se é menos moderna».
Lo cierto es que en el mundo de las manualidades «hai xente moi diferente», y buena prueba de ello es la propia Laura y su mercería creativa no cumplen a rajatabla el estereotipo maleni, además de que dan cabida a muchos perfiles diferentes.
Pero no solo de costura vive Miquinho. Para hoy mismo está previsto un taller de scrapbooking, que no es más que un libro de recortes, que es el súmum del movimiento maleni. Los que participen realizarán un miniálbum y aprenderán las técnicas y el vocabulario básico. Serán las chicas de Nuvole las encargadas de impartir el taller, que tienen su tienda en la calle San Agustín, en A Coruña.

Noticia publicada en La Voz de Galicia.

viernes, 28 de febrero de 2014

"La vida cuando era nuestra", de Marian Izaguirre


La historia de la amistad de dos mujeres, unidas por la trama de un libro.

"Añoro la vida cuando era nuestra", comenta Lola mientras trastea en la cocina de su casa. Esa vida, que era tan suya y tan llena de ilusión, antes estaba hecha de libros y de charlas de café, de siestas lánguidas y de proyectos para construir un país, España, que aprendía paso a paso las reglas de la democracia. Pero llegó un día de 1936 en que vivir se convirtió en puro resistir, y ahora, quince años después, de todo aquello solo queda una pequeña tienda, una librería de viejo medio escondida en uno de los viejos barrios de Madrid, donde Lola y Matías, su marido, acuden cada mañana para vender novelitas románticas, clásicos olvidados y lápices de colores a quien se acerque.
Es aquí, en ese lugar modesto, donde una tarde de 1951 Lola conocerá a Alice, una mujer que ha encontrado en los libros su razón de vivir. Siguiendo la mirada de Lola y Alice, viéndolas sentadas detrás del pobre mostrador y leyendo juntas el mismo libro, iremos lejos, hasta Inglaterra, y atrás en el tiempo, hacia principios del siglo XX, para conocer a una niña que creció preguntándose quiénes eran sus padres.
La vida cuando era nuestra es un homenaje a la lectura, pero es sobre todo la historia de dos mujeres, una que poco sabe de la vida y otra que quizá sabe demasiado, aunque no pueda hablar. Entre estas miradas cómplices anda el talento de Marian Izaguirre.

Ayer terminé esta novela. Fue un regalo de cumpleaños que me hizo una buena amiga y lo cierto es que tenía ganas de leerla pues llevaba bastante en mi estantería.
En un principio, no me pareció que la historia fuera significativa pero a medida que fui conociendo detalles y se fueron desvelando nuevas situaciones, sólo tenía ganas de saber qué había detrás de esos personajes, sobre todo de la misteriosa Alice.
Mientras Alice y Lola leen conjuntamente la novela titulada La chica de los cabellos de lino, nos adentramos en la sociedad de los años veinte, pasando por los tortuosos treinta y cuarenta y hasta llegar a su actualidad, los cincuenta. 
Entrelazado con todo esto se desvela la vida de los otros dos personajes protagonistas, Lola y Matías, un matrimonio de libreros a los que la guerra avocó a vivir terribles situaciones y todo ello con referencias al maravilloso mundo de los libros y de la lectura.
Esta es una historia que no te dejará indiferente y que te sorprenderá con el giro de las situaciones, una entretenida y maravillosa novela que nos quiere enseñar, la vida cuando era nuestra.

sábado, 15 de febrero de 2014

Planta de flores



Esta original planta de amigurumi se la hice a una amiga como regalo de cumpleaños, hace ya un par de meses, sin embargo esta temporada he estado poco comunicativa aquí en el blog. Pero no me digáis que la tardanza no merece la pena...

Se trata de una planta de superficie redonda, toda cubierta con flores en tres tonos; rosa, fucsia y azul. Todas con el centro en amarillo y unas cuantas hojas que las complementan. La maceta está hecha en color arena y está rellena en su totalidad con arroz, lo que hace que la planta quede totalmente rígida y pese. 
Sé de buena tinta que a mi amiga le encantó y la planta luce en todo su esplendor en una de las habitaciones de su casa. ¡Me encanta! 

miércoles, 22 de enero de 2014

La ladrona de libros

Título: La ladrona de libros.
Título original: The Book Thief.
Año: 2013.
Duración: 131 min.
País: Estados Unidos.
Director: Brian Percival.
Guión: Michael Petroni (Historia: Markus Zusak).
Música: John Williams.
Fotografía: Florian Ballhaus.
Reparto: Sophie Nélisse, Geoffrey Rush, Emily Watson, Nico Liersch, Ben Schnetzer, Sandra Nedeleff, Hildegard Schroedter, Gotthard Lange
Productora: Coproducción EEUU-Alemania; Fox 2000 Pictures / Studio Babelsberg.
Género: Bélico. Drama / II Guerra Mundial. Infancia.
Premios:
2013: Globos de Oro: Nominada a mejor bso.
2013: Premios BAFTA: Nominada a mejor bso.
2013: Satellite Awards: Nominada a mejor actriz sec. (Watson) y banda sonora.

Sinopsis
Durante la II Guerra Mundial (1939-1945), una niña es adoptada por una familia de Münich. Cuando su padre adoptivo le enseña a leer, ella se propone una peligrosa tarea: robar libros prohibidos por los nazis antes de que desaparezcan para siempre. Su situación se complica cuando decide acoger a un joven judío al que encuentra delante de su casa. 

Tráiler

Por fin tengo un ratito para recomendaros esta preciosa película basada en el libro homónimo de Markus Zusak, La ladrona de libros. Se trata de uno de mis libros favoritos por lo que esperaba con ansia la llegada a la gran pantalla de la historia de Liesel.
Es una historia muy emotiva en la que no se puede evitar que te caiga la lagrimilla, en mi opinión más que el libro pues el ver la historia al cien por cien no es posible que tu imaginación dulcifique la escena tratando de que sea menos triste.
El principio me desconcertó porque es algo lento en el pase de las escenas pero a medida que fue avanzando la película me di cuenta de que era fiel a la historia de Zusak y preciosa por consiguiente, pues aunque se trata de una historia triste, la dulzura y la ternura de los personajes hace que esta tristeza no sea tan dura.